Historia

El término «dengue» se originó en América entre 1827 y 1828, a raíz de una epidemia en el Caribe que cursaba con fiebre, artralgias y exantema. Los esclavos provenientes de África identificaron a esta entidad patológica como dinga o dyenga, homónimo del Swahili Ki denga pepo, que significa ataque repentino (calambre o estremecimiento) provocado por un «espíritu malo».

Factores de Riesgo

Dentro de las enfermedades transmitidas por vector, la más importante en México es el dengue, que es considerado como un problema de salud pública. Se estima que cerca de 60% del territorio nacional presenta condiciones que favorecen la transmisión de esta enfermedad.

Esta enfermedad es una arbovirosis asociada a varios factores: el cambio climático, el aumento de la población mundial, el ambiente urbano doméstico, los hábitos de la población y a la carencia de servicios básicos como el suministro de agua, así como la falta de recolección de basura y deshechos de la vivienda.

Aedes aegypti: Vector de la enfermedad

El agente etiológico es un virus de ARN de la familia Flaviviridae el cual se ha identificado como “virus del dengue”. Se transmite a través de la picadura del mosquito perteneciente al género Aedes, principalmente el Aedes aegypti, vector de la enfermedad. Este mosquito tiene hábitos domiciliarios, por lo que la transmisión es predominantemente doméstica y es un ejemplo de adaptación de una especie al ámbito humano, con criaderos, hábitats, fuente de alimentación y desplazamiento activos y pasivos ligados al entorno domiciliario.

Manifestaciones clínicas

Se han descrito 4 serotipos: DEN-1, DEN-2, DEN-3, DEN-4, en México los serotipos de mayor prevalencia son DEN-1 y DEN 2.

Puede ser clínicamente inaparente o puede causar una enfermedad de variada intensidad. Luego de un período de incubación promedio de 5 a 7 días, suelen aparecer manifestaciones clínicas, aunque una alta proporción de las personas infectadas cursarán de manera asintomática.

Las infecciones sintomáticas pueden variar desde formas leves de la enfermedad, que sólo se manifiestan con un cuadro febril agudo, de duración limitada (2 a 7 días); a otros cuya fiebre se asocia a intenso malestar general, cefalea, dolor retro-ocular, dolor muscular y dolor articular intenso e incapacitante, algunos casos más graves pueden cursar con “fiebre quebranta-huesos”, la cual es más común en adultos.

Algunos pacientes pueden desarrollar manifestaciones hemorrágicas; tales como epistaxis (sangrado de la nariz), gingivorragias (sangrado de las encías), petequias (puntilleo en la piel), púrpura o equimosis (moretones), sin que correspondan a un cuadro de dengue grave.

Tratamiento y prevención

El manejo de la enfermedad es sintomático en los casos leves, en los casos graves se debe hospitalizar al paciente por lo riesgos de hemorragias y afectación a otros órganos.

El objetivo fundamental a cumplir está en la prevención mediante el control del vector. Se debe informar a la comunidad sobre la importancia de las enfermedades transmitidas por vectores, su mecanismo de transmisión y las formas de prevenirlas y controlarlas, así como orientar y capacitar a la población en acciones de auto cuidado de la salud.

Se debe promover el mejoramiento de la vivienda y el saneamiento básico, así como capacitar adecuadamente al personal de salud

  • No Automedique

  • Aprenda a identificar los síntomas

  • Acuda a valoración con un médico

 

Dra. Angélica Barros Hernández

Pediatra/Urgenciólogo Pediatra